La vuelta al cole
La vuelta al "cole" siempre es dura, es volver a despertar las neuronas que te quedan desde el "curso" anterior y que justo el último día en que saliste de la oficina se pusieron en huelga (igual que suelen hacer los pilotos de Iberia, este año no, pero es porque no tenías planeado tomar un avión a ninguna parte).
Durante las vacaciones el sujeto cultiva ciertos hábitos malignos como dormir más tarde que de costumbre y dormir durante más horas de las que solía dormir (sin contar los primeros días que la inercia del sueño de 7 horas o menos que aún le hace despertarte de un tirón justo a la hora a la que deberías estar saliendo por la puerta), esto desemboca en que se despierta más tarde de lo debido y le desplaza el horario unas horas hacia la tarde.
Una de las cuestiones que surge de este comportamiento es:
"¿cómo es posible que el sujeto permita este comportamiento si sabe que a la hora de volver al cole lo va a pagar caro?"
y otra de las cuestiones que surge es:
"¿por qué en cuanto el sujeto deja su cuerpo a su aire tiende a desplazar el horario hacia la tarde?"
A la primera cuestión se la responde fácilmente. La culpa es de los padres que las visten ... Err, no la cosa está en que el sujeto no tiene disciplina alguna y que si le ponen fácil el acceso a más horas de sueño las tomará todas sin remordimientos, a pesar de que cuando se levanta, al menos durante unos segundos, sabe que lo pagará caro a la hora de volver al cole.
La segunda cuestión puede ser más complicada, pero creo que es un claro indicador de que el ser humano es claramente nocturno. El ser humano cuando estaba colgado de una rama, cuando pangea aún era una realidad y los berridos de OT aún no la habían conseguido resquebrajar, como animal-presa que era tenía principalmente hábitos nocturnos pero desde que comenzó a ser bípedo comenzó a necesitar ver por donde pisaba para no pisar mierdas de mamut que a diferencia de sus descendientes los elefantes cagaba en bolitas (igualito que las cabras) que se endurecían en pocas horas y podían provocar resbalones y roturas craneales.
La cosa es que el sujeto tiene que volver a la runita que impera durante 50 semanas al año y durante los primeros días se da un choque brutal. Este choque comienza con el primer despertador que el sujeto oye desde que las neuronas decidieron ponerse en huelga. Es duro, es muy duro. Al principio el sujeto no sabe qué es lo que está pasando, qué es ese ruido, qué cojones hace el dueño de ese coche que no quita la alarma de una puta vez, pero al cabo de unos segundos le sobreviene el conocimiento absoluto, el despertador es el suyo y es su hora de levantarse. A partir de ese momento el sujeto entra en un modo automático que es únicamente un recuerdo residual del modo automático que tenía la semana antes de comenzar las vacaciones. Y es por eso que el sujeto es capaz de dejar correr al agua en la ducha e ir a la cocina y comenzar a desnudarse para entrar en la cafetera, hasta después de varios intentos de meter la cabeza bajo el filtro de la cafetera comienza a pensar que algo no funciona bien y la consciencia le sobreviene de nuevo. Menos mal que no lo ha visto nadie.
Una vez el sujeto se ha dado una buena ducha de café y bebido una taza de agua caliente de la ducha bien cargada de champú (sí, el sujeto ha vuelto a perder la consciencia en algún lugar entra la cocina y el cuarto de baño) conduce instintivamente sus pasos hacia su centro de condicionamiento, llamémosle cole, trabajo, universidad o lo que se prefiera.
Una vez allí al sujeto le pueden suceder un par de cosas, que tenga mucho que hacer o no, ambas opciones son malísimas. Si tiene mucho que hacer es malo porque el sujeto tiene las neuronas aún aletargadas (hasta ahora solo se ha movido llevado por actos reflejos) y el coche con la pila de trabajo pendiente puede provocarle una embolia al sujeto. Si no tiene mucho trabajo, el sujeto no llegará a despertar las neuronas de modo que estará en su puesto de trabajo con cara de sueño y puede ser carne de cañón para los del departamento de recursos humanos (que son unos seres que no necesitan descansar porque se alimentan de la energía de la gente que contratan -por la ilusión que puede hacer- y despiden -por el dolor que acompaña la carta de despido- y tal y como está el panorama laboral en este país están sobrealimentados y pletóricos de energía).
Además para agravar la vuelta al cole está la depresión postvacacional, que debe ser un invento para que los psicólogos se recuperen de su particular cuesta de verano (como la gente está contenta no los visita) que la televisión y el exceso de confianza que los sujetos tienen en los telediarios han conseguido poner de moda.
Meritxellgris dijo
Este post es un vaticinio de lo que me ocurrirá a la vuelta de vacaciones, y ya me estoy poniendo en lo peor: mañana me voy y me llevo este pensamiento. Si lo sé, no lo leo... jejeje(me ha encantado y es graciosísimo tu estudio del sujeto, pobre...)
16 Agosto 2005 | 05:57 PM